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lunes, 30 de marzo de 2009

Voyage, voyage (Continuación, parte III)

Y así, en Buenos Aires, tuve que buscar una nueva forma de conocer todos lugares. Y esa forma fue el cine.
La Dolce Vita, Jules et Jim (y otras películas de la Nouvelle Vague), Paris Je t'aime, 2 days in Paris, The Unbearable Ligthness of the Being. Con Rosellini pude ver un poco de Roma y de Berlín también. También ayudó Anónimo Veneciano de Enrico Salerno. La Segunda Parte de The Godfather. La trilogía de Krzysztof Kieslowski. Michelangelo Antonioni. Ettore Scola. Roman Holiday. Great Expectations (la de los años '40). The third man.
Y estas son sólo algunas películas y directores. Estas son las que se vienen ahora a mi mente. He visto una innumerable cantidad de películas con locaciones europeas. Por lo que ha sido una gran ayuda. Ir al cine me ha ayudado reconocer algunos lugares como si ya hubiese estado ahí.

Ahora con internet, sin querer sonar como una publicidad, ¡es mucho más fácil! Miles de fotos, de sitios turísticos. Existe Google Earth. Existen los vídeos online.
Europa sigue estando lejos, sí, pero ahora se siente un poco más cerca.

De todas maneras, no me arrepiento de esas decisión tomada hace casi seis décadas (por favor, ¡cómo se pasa el tiempo!).

viernes, 27 de marzo de 2009

Voyage, voyage (continuación)

Como dije antes, no tuve el placer de cruzar el Atlántico. Ni respirar el aire europeo que me fascinaba hasta el delirio.


Cuando tenía diecisiete años, mi estructura mental se vió sacudida. Una cadena de sucesos, que se extendieron en el corto plazo, hizo que me replanteara lo que quería de la vida y en la vida, con mi vida.
Y si bien quería conocer con desesperación muchos lugares del llamado "Viejo Continente", mi nueva forma de pensamiento modificó ese deseo.
Ya no sólo quería ir a recorrer Europa, sino que quería hacerlo con mi dinero. Quería juntar cada céntimo necesario para pagarme el pasaje y la estadía. Quería que el viaje fuera resultado de mi esfuerzo y no porque había tenido ¿la suerte? de nacer donde había nacido. Ni tampoco quería sucumbir ante la tentación Parr de la buen vida bajo determinadas condiciones.
Me di cuenta que el viaje de los veintiuno no era un regalo, sino una especie de soborno para seguir la línea Parr de seres humanos exitosos. Al menos yo lo sentía así en ese momento.
Por lo que, cuando cumplí los veintiuno, no sólo no hubo viaje, sino que ya no estaba viviendo en casa de mis padres y trabajaba en varios colegios simultáneamente para poder pagar el alquiler del monoambiente, que la tía Eli me dejaba a un precio que era una bicoca, y que sin embargo para mi implicaba horas y horas de trabajo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Voyage, voyage.

Era tradición que el regalo de mamá y papá para el cumpleaños número veintiuno consistiese en un viaje a Europa.
Durante años anhelé ese viaje. Soñaba despierta. Me imaginaba caminando por París. Cruzando un puente en Praga. Respirando a Gaudí en Barcelona. Viviendo la mitología en Grecia. Conociendo mis raíces en Lancanshire y en Roma.
Mi vida era una continua cuenta regresiva hacia mi viaje. Cada vez que cumplía años, no festeja que cumplía un año más sino que faltaba uno menos.
Y así transcurrió mi adolescencia, haciendo palitos en las paredes mentales, como un prisionero que cuenta los días tallando el muro que lo encierra.
Apenas recuerdo el regreso de Elsa, pero sí tengo presente el de Esteban y el de Magda. Recuerdo las fotos, la cámara Kodak, las postales. Recuerdo sus diarios de viajes, la emoción al relatar casi cada uno de sus días. Recuerdo el pelo largo de Esteban cuando llegó a casa después de cuatro meses de viaje. El color bronce en la piel de Magda. El brillo en los ojos. Sabía que había cosas que no nos contaban. Porque les resultaba imposible ponerlas en palabras.
Mi familia siempre tuvo una cierta fascinación por los viajes y no soy la excepción.

Pero, lamentablemente, nunca crucé el Atlántico.

lunes, 23 de marzo de 2009

Confesión de mujer de 80

El día que Elisa se casó estaba tan pero tan hermosa, que decidí que nunca podría casarme.

jueves, 19 de marzo de 2009

Defensa del Consumidor

Me molesta mucho cuando los empleados de comercio me hablan como si fuera tonta. Soy vieja, sí. Estoy grande, lo sé. Pero eso no implica que mi coeficiente intelectual se haya esfumado.

Es una falta de respeto.

sábado, 14 de marzo de 2009

"Don't bother me anymore. And don't call me sugar"

Debo haber visto "Gone with the wind" ("Lo que el viento se llevó"), más de veinte veces. Sin exagerar.
La vi el día de estreno en Buenos Aires, y volví a verla en el cine unas seis o siete veces más.
Y luego, a lo largo de mi vida, la vi siempre que pude en televisión.
Y hace unos años, Juana, una sobrina nieta por parte de Esteban, me regaló el DVD.

Si no la vieron, quizá este sea el momento.

jueves, 12 de marzo de 2009

Parents

La relación con mis padres no fue mala. Tampoco fue fácil.
Si bien disentían en algunas cuestiones, ante nosotros se presentaban con un bloque. Como podrá notar el memorioso, había en casa dos bloques.
La patronal y nosotros. "Nosotros", mis hermanos y yo.
Mis padres tenían para cada uno un paquete de requisitos y expectativas, ideado y hecho a medida.
Y eran bastante inflexibles.
Mi madre había sido perfecta, por decir poco. Hermosa, inteligente, culta, buena cocinera, buena esposa. Todo parecía saber y hacer a la perfección. Y no esperaba menos de nosotros. Quizás haya sido tan exigente porque creía que teníamos el potencial para ser como ella, o incluso superarla. Quizás la razón de sus reproches fuera que no podía aceptar que no pudiéramos o quisiéramos ser como ella.
Mi padre, ideólogo de los paquetes que antes mencioné, diferenciaba a cada uno, y creía detectar nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades, así que la exigencia nunca era igual para todos en todo momento.
Sin duda, en quién tenía puestas todas sus expectativas, en contra de la tradicional mochila del primogénito, era en Magdalena.

lunes, 9 de marzo de 2009

Siblings: Elisa.

Elisa nació casi doce años antes que yo. Y fue esa diferencia de edad la que hizo que tuviera un trato preferencial hacia mí.Si Esteban o Magdalena hubiesen hecho un décimo de lo que yo hice, posiblemente hubiesen terminado con heridas de guerra.
Elisa era impaciente e intolerante, pero conmigo su paciencia y tolerancia podían ser infinitas.
Soportaba que casi todas las noches me escabulliera en su habitación, me trepara en su cama y reclamara historias.Y ella era la perfecta contadora de historias. Me hacía un lugar, me abrazaba de manera tal que mi cabeza quedaba apoyada en su pecho, y me contaba todo tipo de aventuras.Su repertorio era infinito.Y nunca me leia. De esa hermosa cabeza nacían todas las noches nuevos personajes, se dibujan nuevos escenarios, se fundaban nuevos países, aparecían nuevos animales.Yo la escuchaba en extremo silencio, interrumpiendola sólo para pedir -ocasionalmente - detalles más minuciosos.Todos los personajes tenían su personalidad, su voz, su historia. Cobraban vida delante de mis ojos cada noche.
Cuando estaba por dormirme, ella me acompañaba hasta mi habitación. Otras veces, me quedaba dormida y amanecía en mi cama. Lo mejor, era cuando me dejaba dormir con ella. Especialmente, cuando la historia había sido de suspenso.

domingo, 8 de marzo de 2009

Domingo

Un domingo en mi vida implica:

- levantarme temprano e ir a desayunar a algún café cerca de casa. Voy rotando para no aburrirme.- volver a casa y revisar los mails.

- leer las noticias más relevantes.

- prepararme algo para almorzar.

- lavar los platos.

- si el día está lindo, abrir el ventanal que da al balcón, y sentarme allí a leer un poco.

- si el día está nublado, me voy al cine, aprovechando que a la hora de la siesta las salas están prácticamente vacías.

- si llueve, duermo la siesta.

- a eso de las cinco, me reúno con Elsa, Inés y Lorenza a tomar el té y comentar nuestra semana. El lugar de reunión se acuerda durante la semana. Puede ser en la casa de alguna, o en algún bar. Si nos reunimos más tarde, cambio el té por una cerveza. Especialmente, en verano.

- una vez de nuevo en casa, reviso los mails, y escribo este post.

- más tarde, si tengo aún algo de hambre, me prepararé un sandwich o comeré lo que sobró del mediodía.- miraré un poco de televisión.

- pondré música mientras lavo los platos.

- si no tengo la vista cansada, quizás lea o escriba un poco, hasta que me canse

- y me vaya a dormir.

jueves, 5 de marzo de 2009

Siblings

Soy la menor de cuatro hermanos.
Posiblemente ser la menor haya tenido en su momento grandes ventajas. Pero no puedo dejar de notar sus desventajas.
Como ventajas tuve: los abrazos casi maternos de Elisa, la mayor; la protección incondicional de Esteban; la compañía continua de Magdalena y la impunidad casi absoluta que sólo el hermano menor puede entender.
Los tres actuaban como un escudo protector ante los reproches de mi madre y los retos de mi padre.
Y aunque los tres despotricaban ante mi asedio continuo, mis travesuras constantes y mi desorden habitual, ninguno podía enojarse conmigo.
Y yo lo sabía. Y me aprovechaba.
Sin dudas tuve la infancia más feliz y plena de los cuatro. Todo parecía conspirar a mi favor.
Hasta que crecí y las cosas no fueron tan fáciles.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Allá a lo lejos

Nací hace casi ochenta años.
Cuando no existían las computadoras.
Cuando las mujeres no votaban.
Cuando formar una familia era el destino casi ineludible de toda mujer.
Cuando algo como la televisión era inimaginable.
Cuando recién empezaba a nacer el cine sonoro.
Cuando The Beatles era tan sólo el nombre de un insecto.
Cumpliré ochenta dentro de unos meses.
Sí, soy optimista.